el monstruo del bicefalo (discurso) por Fernando Vallejo

23 de noviembre de 2006 por ojosabiertos

el monstruo del bicefalo (discurso) por Fernando Vallejo
 
El presente es el discurso de inauguración del Primer Congreso de Escritores Colombianos, pronunciado el 30 de septiembre de 1998 en el auditorio de Comfama, en Medellín, ante el vicepresidente de la república, Gustavo Bell.



Señor vicepresidente, señora directora de Comfama, amigos escritores:
Que cada quien hable por sí mismo, en nombre propio, y diga lo que tenga que decir que el hombre nace solo y se muere solo y para eso estamos en Colombia donde por lo menos, en medio de este desastre, somos libres de irnos y volver cuando queramos, y de decir y escribir y opinar lo que queramos, así después nos maten. ¡Y qué importa! Una libertad de semejante magnitud no tiene precio. En uso de esa libertad espléndida que me confiere Colombia, que a nadie calla, me dirijo a ustedes esta noche aprovechando que todavía estoy vivo. ¡Y que se callen los muertos! Con eso de que cualquier vida humana aquí no vale más que unos cuantos pesos, los que cuesta un sicario… ¡Y adivinen quién lo contrató! Esa es la ventaja de vivir en Colombia, de morir en Colombia, que uno se va tranquilo sin saber de dónde vino la bala, si de la derecha o de la izquierda, y así, ignorante el difuntico del causante de su muerte, sin resentimientos ni rencores, se queda por los siglos de los siglos en la infinita eternidad de Dios.
Pero una cosa por lo menos para mí sí está muy clara, pese a lo turbias que parecen que están aquí las aguas: que hoy por hoy el signo de Colombia es la impunidad, que se le viene a sumar al de la infamia. ¿Cuál infamia? La de siempre, la ignominada, la que todos padecemos pero que nadie señala como si nadie la viera porque fuera invisible, y la que nadie nombra como si no tuviera nombre. Y sin embargo sí lo tiene y sí se ve. Es cuestión de querer nombrarla y verla. Es de ella de la que voy a hablar aquí, y para empezar les diré que tiene la duración de nuestra historia, la historia de Colombia.
Ya va para doscientos años que nació esto, un día en que se quebró un florero. ¿Lo quebraron los criollos? ¿Lo quebraron los peninsulares? Unos y otros lo quebraron puesto que eran unos mismos: tinterillos de corazón en busca de puesto. Acto seguido les declaramos la guerra de independencia y se la ganamos. ¿Pero independencia de qué? ¿De quién? ¿Por qué? ¿De España? España era eso: los tinterillos, las estampillas, el papel sellado. Pues los tinterillos con sus estampillas y su papel sellado han pesado desde entonces sobre nosotros y se han parrandeado nuestro destino. Nosotros lo hemos permitido, nosotros les hemos dejado hacer, la culpa es nuestra.

¡Cuánta tinta no ha corrido por este país en esos doscientos años en constituciones y plebiscitos, en ordenanzas y decretos y leyes! Casi tanta como sangre. ¿Y para qué? ¿Para estar en donde estamos? Me salto las guerras civiles para llegar de carrera al presente. Me salto las muchas del siglo pasado y la de comienzos de éste, pero no la de mediados de éste porque de esa a mí me tocó saber de niño, la guerra no declarada en el campo entre conservadores y liberales, la del machete; un machete de doble filo, por un lado conservador y por el otro liberal, pero solo y único, cortador de cabezas. ¿Y cuándo va a llegar la hora en que las palabras «conservador» y «liberal» se entiendan aquí como lo que son, los nombres de la infamia? ¿Habrá que esperar a los historiadores del año tres mil para que la etiqueta de la infamia se la pongan ellos a quienes se la ganaron? ¿O seremos capaces de ponérsela de una vez nosotros? Y para que no digan que soy un calumniador y que les estoy poniendo a quienes no debo los calificativos que no debo, y que en un congreso de escritores, y justamente el primero que se celebra en Colombia, estoy usando mal las palabras, les voy a recordar unos nombres: El Dovio, Fresno, Irra, Salento, Armero, La Línea, Letras, Icononzo, Supía, Anserma, Cajamarca, El Águila, Falan. El genocidio de El Dovio, el genocidio de Fresno, el genocidio de Irra, el genocidio de Salento, el genocidio de Armero, el genocidio de La Línea, el genocidio de Letras, el genocidio de Icononzo, el genocidio de Supía, el genocidio de Anserma, el genocidio de Cajamarca, el genocidio de El Águila, el genocidio de Falan, ¿qué? ¿Nunca ocurrieron? Centenares de campesinos decapitados, extendidos en fila por el suelo con las cabezas asignadas por manos caritativas a los cuerpos a la buena de Dios. ¡Qué! ¿Colombia ya los olvidó? ¿Es que con tanto muerto le entró el mal de la desmemoria y se le borró la historia? A mí no. Pues esos genocidios se cometieron en nombre de los principios irrenunciables del gran partido conservador o de los principios irrenunciables del gran partido liberal, según fuera la filiación de los asesinos y del pueblo de los muertos. Poquito después los dos partidos se pusieron de acuerdo, crearon el Frente Nacional y se repartieron los puestos. ¿Y los muertos qué? ¿Y los principios qué? ¿No dizque eran irrenunciables? Si eso no es infamia, entonces yo no sé qué quieren decir aquí las palabras.
Y sin embargo seguimos eligiendo para los puestos públicos a quienes se siguen llamando, o se dejan llamar cuando les conviene, conservadores o liberales. O son o no son. Si no son, díganlo y renieguen del nombre. Pero si lo son, carguen con la responsabilidad de lo que es hoy Colombia y con la etiqueta que se merecen de infames.
Todo lo regularon, todo lo legislaron, todo lo gravaron. No se movía aquí una hoja de árbol sin que pagara un impuesto o la controlara una ley. Hubo aquí un impuesto de ausentismo para los colombianos que vivíamos afuera, y un impuesto de soltería para los que no teníamos hijos. ¿Ausentismo el de los millones de colombianos que vivíamos en los Estados Unidos, en México, en Venezuela, regados por el mundo, donde fuera, porque aquí nos cerraron todas las puertas? ¿Y soltería donde la gente se reproduce como animales y ya no cabemos? Los animales los matamos, los bosques los tumbamos, los ríos los secamos, y los que aún corren los volvimos cloacas. Cuando yo me fui, hace años, muchos años, me llevé en la memoria al Cauca, el río de mi niñez. Se fue conmigo ese río caudaloso, torrentoso, sonándome en el corazón sus queridas aguas. Un día, en uno de mis regresos, lo volví a ver: era una quebrada sucia.
Yo no soy vocero de nadie ni hablo por nadie, pero en estos instantes siento como si hablara a nombre de esos millones que se fueron de Colombia sin querer, porque yo también me fui, porque yo soy uno de ellos. Yo nunca me he querido ir. Yo no tengo más patria que ésta. ¡Impuesto de ausentismo como si la ausencia forzada fuera una traición!


¡E impuesto de soltería como si casarse para imponer la vida fuera una obligación! ¿No será al revés, crimen lo que creen mérito? Quitar la vida incluso, lo cual va contra el quinto mandamiento, es un delito menor. Imponer la vida es el crimen máximo, así para ese no haya mandamiento que lo prohíba. Aquí todo el mundo se rasga las vestiduras por los treinta mil asesinados de Colombia al año con los que nos hemos convertido, y desde
hace mucho, en el país más asesino de la tierra. ¿Y quién levanta su voz por los quinientos mil o un millón de niños que sin haberlo pedido nacen en el país cada año? ¿La Iglesia? ¿La Iglesia que es la que los va a sostener? La Iglesia no sostiene a nadie, ella está para que la sostengan. ¿Y dónde van a vivir? ¿Y qué van a comer? Vivirán en las comunas de Medellín que son una delicia, y comerán maná del cielo que les lloverá la Divina Providencia.


Ni el partido conservador ni el partido liberal ni la Iglesia, que aquí son los dueños de la voz, han hablado nunca por ellos. Por eso de los dos millones que éramos al comenzar este siglo ya somos cuarenta y no nos toleramos porque no cabemos.
Pero estábamos en la proliferación de impuestos. ¡Cómo así que un impuesto de guerra! ¿No se ha venido pues gastando siempre el Ejército una parte enorme del presupuesto nacional? ¿Todo ese dinero qué se hace, qué se hizo, a qué saco roto ha ido a dar? Como el impuesto de guerra lo que nos resultó fue el impuesto de la derrota, ahora estrenamos gobierno con el impuesto de la paz. ¿La paz un impuesto? O sea, como quien dice, que aquí pagamos porque estamos vivos y pagamos porque estamos muertos. Un Estado que no es capaz de protegerle la vida a nadie no tiene derecho a cobrar impuestos. Ni de paz ni de guerra ni de nada. Eso es una inmoralidad.
Poniendo una tras otra las leyes y constituciones que aquí se han expedido desde el Congreso «admirable», le podemos dar la vuelta a esta galaxia. La más reciente Constitución le cambió el nombre a la capital y se lo volvió al del comienzo, Santafé de Bogotá, que era el que tenía hace ciento ochenta años, cuando lo del florero. Así que aquí avanzamos retrocediendo como el cangrejo. No faltará otro presidente genial que convoque otro Congreso admirable que nos expida otra Constitución admirable que le vuelva a cambiar el nombre a esa ciudad por el que tenía cuando nacimos, el de la simple Bogotá. Ya dirán que es lo más conveniente para el correo. Sigan brillando, genios nuestros de la administración y de las leyes, que mientras más brillen ustedes nosotros más nos apagamos.
¡Y el actual Congreso! No éste de esta noche de esta sala sino el otro, el honorable. El espectáculo que nos ha venido dando durante estos últimos años el honorable, ¿no les hace pensar a ustedes, amigos escritores, que estamos usando muy mal el idioma? Yo tenía entendido que «honorable» significaba «gente de bien» y no lo contrario. Entonces una de dos: o la palabra «honorable» pasa en adelante a designar lo opuesto a lo que designaba cuando yo nací y así se lo notificaremos a la Real Academia Española de la Lengua para que tome nota, o se la quitamos al Congreso de Colombia. Yo le propongo a este Primer Congreso de Escritores Colombianos aquí reunidos que al Honorable Congreso de la República de Colombia le quitemos el «honorable»: primero para aligerarlos de arandelas; y segundo para que tratemos de salvar aunque sea, en medio de esta catástrofe, el idioma, de suerte que si nos vamos a seguir matando por lo menos nos entendamos y nos podamos decir por qué.
En la confusión los linderos de las palabras se nos han borrado y ya estamos en plena torre de Babel. Ya no sabemos dónde está la decencia y dónde la delincuencia. Ya no distinguimos a la víctima del victimario. Se nos enloqueció la semántica.
La brecha inmensa que se ha abierto entre los colombianos en estos dos siglos que van corridos desde el florero no es entre ricos y pobres como dicen muchos. Pobres siempre ha habido y siempre habrá, y mientras más se reproduzcan más. La brecha, la brecha injusta, la brecha inmensa es entre gobernantes y gobernados, entre funcionarios y ciudadanos. Aquí no hay servidores públicos. Esos son cuentos. Lo que hay es aprovechadores públicos que se reparten y parrandean los puestos. Se los pasan de padres a hijos, de amigos a amigos, de compinches a hermanos: las alcaldías, las gobernaciones, los ministerios, la presidencia. Ellos son los que dicen, ellos son los que hablan, ellos son los que ges-ticulan; nosotros los que los oímos y los vemos y los padecemos. Ellos son los protagonistas de la Historia; nosotros los comparsas de su gloria. En ellos están puestos los reflectores; nosotros estamos en la sombra. Ellos son los que suben; nosotros los que bajamos. Ellos son los que cobran; nosotros los que pagamos, los que pagamos los impuestos y los platos rotos de su fiesta. Dueños ellos y señores de las primeras planas, nosotros saldremos en la página roja. Ellos van, vienen, funcionan, y mientras más van y vienen y funcionan, con sus patas enormes de elefante ciego más nos atropellan. Nosotros somos los servidores y ellos son los señores. Ellos trocaron los papeles. La sirvienta se nos convirtió en la dueña de la casa.
Todos los caminos nos los bloquearon, todas las puertas nos las cerraron, en todo se metieron y lo que estaba bien lo dañaron y lo que estaba mal lo empeoraron. Para nada sirven pero en todo están: en la salud, en la economía, en el transporte, en la educación. Hasta convocan congresos de escritores y nos ceden un ratico la palabra. Muchas gracias y aprovechemos y sigamos que el tiempo se nos va a acabar.
Y ya piensan gravar a la industria editorial. La van a quebrar. También la van a quebrar. ¿Y quién nos va a editar los libros?
Siempre se las arreglan para conciliar los contrarios. Y así son pero no son y están pero no están; quitan para poner y ponen para quitar. Hoy crean un ministerio de cultura, mañana lo quieren quitar, pasado mañana volverlo a poner. Políticos de Colombia, o sea burócratas, camarillas del partido conservador y liberal: No más trabas, no más leyes, no más cambios, no más impuestos. No declaren más en los noticieros. Desaparezcan, bórrense, ¡déjennos respirar!
Al monstruo bicéfalo liberal-conservador últimamente le salieron otras cabezas: la guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico. Y así tenemos hoy pesando sobre Colombia a la hidra de cinco cabezas. Si bien las viejas produjeron a las nuevas y hacen parte de un solo animal, las cabezas no se hablan ni se ven ni se quieren reconocer. Temen verse en el espejo. Aunque a ratos cambian de opinión y sí se miran y se ven y se reconocen y arman híbridos de cabezas. Entonces nos nacen el Frente Nacional y la narcoguerrilla. En estos días dos de las cabezas resolvieron hablarse y reconocerse y andan en diálogos de paz. Por eso el impuesto de la paz.
¿Y el de la guerra entonces qué? ¿Contra quién era la guerra? ¡Era una guerra entre cabezas! ¡Y yo que de malpensado en México pensé que era contra Venezuela!
Para ser equitativo con las cabezas pero sin abusar más de su paciencia, les voy a leer una última paginita.
Aquí, en esta tierra mía de Antioquia, en las montañas del municipio de Envigado, el capo de los capos, difunto ya y cuyo nombre todos conocemos, al viceministro de no sé qué de un presidentico reciente y genial (el que con estas avenidas tan amplias que él nos construyó abrió la importación de carros y nos embotelló a Colombia), lo tomó preso y lo arrodilló en su catedral y lo puso a oír misa. Yo estaba aquí y vi el show por televisión, muerto de risa y de vergüenza. Al Estado colombiano mi paisano capo cuando quiso lo compró y cuando quiso lo humilló y cuando quiso lo mató. ¡Descanse en paz el pobre, gran contratador de sicarios!
En fin, los bandoleros, que por cuestiones de semántica hoy se llaman guerrilleros. ¡Cuánto petróleo no han regado, cuánta sangre no han derramado! ¡Cuánto boleteado, cuánto desplazado, cuánto secuestrado, cuánto asesinado por ellos! Con sus chantajes, con sus cultivos de coca, con sus secuestros, ya tienen dizque de todo: armas modernas, cuentas en Suiza, sofisticados equipos de comunicación. Yo no sé, no los conozco. A mí todavía no me han secuestrado, para quitarme estas regalías enormes que me pagan en Planeta y Alfaguara. Pero lo que sí sé es que también tienen, tienen, tienen «ideólogos». Como el partido comunista de Cuba, vaya, o como tenían antaño aquí el partido liberal y el conservador. ¿Y quiénes serán, qué harán estos señores «ideólogos» del E Ele Ene y de las Farc? Ah yo no sé, no sé qué harán. Serán los que idean los chantajes, los secuestros, y qué tramo del oleoducto hay que volar o a qué sicario hay que contratar para que mate a fulanito de tal. ¿Y habrá posibilidad de negociar con estos «ideólogos», o será pura ilusión, espejismo? ¡No, qué va! Sí se puede negociar, por supuesto. ¿Y cómo? Denles puestos. Repártanse con ellos los puestos, según la fórmula ya probada y requeteprobada del Frente Nacional. Por sus «ideologías», sus convicciones, no se preocupen, que son tan sólidas e inconmovibles como los principios del gran partido conservador y liberal.
Pero dejemos esto que ya parezco Torquemada y éste es un Congreso de Escritores, y no la quema de brujas de la Santa Inquisición. Amigos escritores: Colombia para la literatura es un país fantástico, no hay otro igual. En medio de su dolor y su tragedia Colombia es alucinante, deslumbrante, única. Por ello existo, por ella soy escritor. Porque Colombia con sus ambiciones, con sus ilusiones, con sus sueños, con sus locuras, con sus desmesuras me encendió el alma y me empujó a escribir. Ella prendió en mí la chispa, y cuando me fui, la chispa se vino conmigo encendida y me ha acompañado a todas partes, adonde he ido. Por eso yo no necesito inventar pueblos ficticios, y así pongo siempre en todo lo que escribo, siempre, siempre, siempre: «Bogotá», «Colombia», «Medellín». ¡Cómo no la voy a querer si por ella yo soy yo y no un coco vacío! ¡Qué aburrición nacer en Suiza! ¡Qué bueno que nací aquí!






El politiquero y el primate por Fernando Vallejo

23 de noviembre de 2006 por ojosabiertos

El politiquero y el primate por Fernando Vallejo
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El politiquero y el primate
Por: POR FERNANDO VALLEJO
Va, viene, sube, baja, corre, trota, pide, abraza… Declara por televisión, amenaza. Amenaza pero siempre no, no amenaza. Aloja guerrilleros en el Tequendama (tiende la mano). Arma Mesa Internacional de Donantes en Europa (extiende la mano). Desmoviliza paramilitares mientras el DAS les borra los antecedentes de sus bases de datos (vuelve a tender la mano). Compra policías en Caracas. Arma tremendo impasse internacional. Monta en Cartagena nueva Mesa Internacional de Donantes (vuelve a extender la mano). Laberintitis a nivel del mar que le acaba de desequilibrar el cerebro. Viaje a Venezuela a pedir perdón. Y sígale y sígale y sígale sin parar. Y siempre, siempre, siempre, a donde suba, a donde baje, a donde vaya, la jauría de la prensa detrás de él, como perros detrás de una perra en celo.
¡Ah con este Uribe, las vergüenzas que me hacés pasar! Te veo en México en la televisión y se me cae la cara de vergüenza. Vergüenza ajena, vergüenza de patria. Esa vocecita, esa figurita, esa pedigüeñería, esa bellaquería, esas chambonadas, esas metidas de pata… ¡Y ese tonito marica de cura que nos encomienda a Dios! “Mi Dios quiera que se salve y se mejore”, dice cuando le preguntan por el técnico del Once Caldas abaleado y desconectado por la mujer de un policía que lo atracó. ¡Ay, “mi Dios”, como si Dios fuera suyo y le hiciera tanto caso! Mi Dios, Uribe, anda muy ocupado en Asia armando tsunamis para ocuparse de vos. No-tie-ne-tiem-po. Por qué en vez de jeringar tanto a ese Viejo con tu invocadera y de andar de arriba para abajo como perro de tres güevas, pidiendo y pidiendo y pidiendo que ni que fueras el padre García Herreros, ¿no te ponés a trabajar y acabás con el crimen y la impunidad antes de que acaben con nosotros? Esta impunidad tan cabrona de los atracadores, los secuestradores, los congresistas, los concejales, los paracos, los faracos, los sicarios, hasta de misiá hijueputa. En Cartagena te vi muy realista diciéndole “Majestad” a Juan Carlos de Borbón (el gran pichador y cazador de osos). Seguile diciendo en adelante “Majestad” a la impunidad porque ella es la reina de Colombia. Vos no sos más que su lacayo. Su lacayo mayor, como lo es Pérez Roque de Castro, y Rangel de Chávez. ¿Sí sabés de quiénes te hablo? De Fidel, al que le escribiste una carta “desde tu computador”, según informó la prensa. Y de Hugo, tu homólogo, el demagogo, tu espejo, al que has condecorado con el poncho de Tirofijo y el sombrero paisa. Después de lo de Granda, y para amansar a esa fiera que nos quiere comer, te recomiendo que le des la Orden de los Convivir en su categoría Mancuso a ver si así se calma.
¡Con que siempre sí fuiste a Venezuela a hacerle su pajita al orangután! Hermanos de la hermana República Bolivariana de Venezuela: a ese pitecanthropus erectus que tienen allá ustedes de estrella protagónica, suminístrenle una jaula con columpio y barra para que haga sus maromas en pelota, de suerte que, alzando las patas y mostrando el culo a lo Mockus (nuestro inefable Mockus), ventile al aire el pirulín.
¿Cómo estuvo el asunto de Granda? A ver, analicémoslo, vos y yo aquí entre nos, Uribe, sin nadie oyendo y con cabeza fría y la distancia que nos da el tiempo, Cronos, que lo aclara todo y lo embrolla todo. Secretamente lo mandaste secuestrar. Pero porque secretamente Chávez te lo tenía allá. Él nos lo quitó, vos se lo quitaste. Hiciste bien. Te trajiste lo que era nuestro, un colombiano, como se quiere traer México de Alemania el penacho de Moctezuma. Pero qué bueno que no se te ocurrió traerte también de paso de Venezuela el millón de colombianos que viven allá despatriados para alojarlos en el Tequendama. ¡Ah con este Uribe tan astutico! En pleno siglo XXI y representándonos con tu doble venezolano la pieza de Calderón de la Barca A secreto agravio, secreta venganza, como si lo de ustedes fuera un drama de honor de esos del teatro clásico español. Y no, Uribe. La política o politiquería es un arte, el de la bellaquería, en el cual eres maestro, pero nada tiene que ver con el honor. Un ejemplo. ¿Para qué nombrás embajador en Ecuador al hijo del jefe del partido conservador, si no es para asegurarte los votos de esa colectividad arrodillada, en bancarrota, el día de tu reelección? Porque no me vas a decir ahora que ponés en ese puesto a ese muchacho para que te compre a la policía ecuatoriana y te mande hasta nuestra frontera Sur a tus Trinidades Granda que anden de vacaciones por allá. “Hay muy buenas recompensas -dice Santicos, tu Rangelito-. Muy cuantiosas”. ¡Ah! Con que ya al soborno se le llama “recompensa”. ¡Cómo cambian los tiempos y cómo cambia el idioma! ¿Y quién manipula y le da voz a ese muñeco de ventrílocuo?
Bellaquería uribista para bellaquería chavista, las dos son una.
Aprovechándose de un momento de popularidad, el golpista que invoca a Bolívar cambió la constitución de Venezuela para poderse reelegir y seguir en el candelero dándoselas de demócrata. Y aquí igual. Aprovechándose de un momento de popularidad el demagogo que invoca a Dios pretende cambiar la constitución de Colombia para lo mismo. Granujas del mismo palo y la misma cepa: ¿dónde están Bolívar y Dios? Hoy Bolívar no es más que polvo de una ambición. Y Dios, un Viejo dañino que desencadena tsunamis.
Pero volvamos a Granda y revivamos en presente histórico el asunto de su repatriación. Tras unos días de rumiar la cosa y la compra de los policías venezolanos, entrando en furia como lora a la que le tocaron la cola (como si sólo él tuviera el derecho de comprar a los susodichos con lo que le entra por PDVSA), Chávez le exige a Uribe disculpas públicas por lo que considera una violación a su soberanía, y Uribe, el mandatario de la mano dura, corre a escribirle con dedos ágiles una carta a Castro desde su computador en la que, pidiéndoselo pero sin pedírselo, queriendo pero siempre no, le ruega que intervenga y le aplaque a la fiera. Y el barbudo interviene y la fiera por unos días se aplaca. Ah, pero eso sí, porque le dieron las disculpas que exigía. El comunicado de la Presidencia de Colombia, que expresa textualmente “su mayor disposición para revisar los hechos que son de conocimiento público a fin de que si han resultado inconvenientes ante el examen de la República Bolivariana de Venezuela, no se repitan”, no puede ser más claro. ¿Qué es esto si no una rectificación, las disculpas públicas exigidas? Más claro no canta un gallo. O sea que si Tirofijo se va de vacaciones a la isla Margarita o a conocer a Caracas (o Romaña o Raúl Reyes o el Mono Jojoy o cualquiera de los miembros del Honorable Secretariado de las Farc), ¿Uribe no tiene derecho a comprar a la policía venezolana para repatriarlo? ¡Y yo que le oí a Chávez por televisión jurar por su madre en Colombia que no alcahuetearía más a este movimiento libertario (nos liberó de Íngrid) y que jamás habría guerra con su hermana mayor bolivariana! ¿Y para qué entonces acaba de comprarle a Rusia 40 helicópteros artillados, 50 cazabombarderos y 100 mil fusiles, y de encargarle a España unas fragatas y a Brasil más aviones? ¿Para atacar a las Guayanas? ¿O a su compadre Lula? ¿O a los tiburones del golfo de Maracaibo que por contigüidad territorial con la Guajira y laudo arbitral del Todopoderoso (“mi Dios” de Uribe), es obviamente colombiano? ¡Ah, qué bellaquito este Chávez! Ante la Asamblea Legislativa venezolana (el equivalente al Congreso colombiano que preside Mancuso), cargado de medallas y ceñida al pecho la banda tricolor (que es igual a la nuestra), y siempre atrás de él su fiel Rangel, su sombra que le sigue, su huelepedos, rugió, rabió, ladró, nos peló los dientes. ¡Ah qué distinto te vi en los noticieros de la televisión cuando el efímero golpe de estado que te dio el doctor Carmona aplicándote tu misma medicina, la que le quisiste hacer tragar a Carlos Andrés con tu fallido cuartelazo! Acobardado, con el rabo entre las patas, así te vi esa noche en televisión. Es que el perdonavidas, el bravucón, el golpista, en el fondo no es más que un cobarde. Lo que procedía en ese momento era fusilarlo, pero Carmona no se atrevió y las consecuencias de su desacierto las pagarán Venezuela y Colombia por años.
Y volviendo a Castro, he aquí lo que comentó Chávez ante los periodistas en Caracas tras las disculpas de la Cancillería colombiana: “Debo decir que hubo en América Latina muchos amigos preocupados enviando delegaciones… Uribe llamó a Fidel, le pidió cooperación. Fidel me llama, mandó a Felipe Pérez, el canciller, hablamos varias horas en Caracas”.
¿Para qué, tras de llamar a cuanto mandatario latinoamericano pudo localizar por teléfono para que le ayudaran a salir del atolladero, le escribía Uribe a Castro “desde su computador” como lo señaló la prensa colombiana? Para que una vez más el barbudo de Cuba, el carcelero, el déspota, el eterno instigador de las Farc y el ser más ruin que ha parido América fuera el árbitro de nuestros destinos. Como con Gavirita, pues. O con Pastranita. Como con todas estas mariquitas bellacas. ¿Y el embajador norteamericano ante el gobierno de Bogotá qué? ¡El papelón que hizo el pobre al apurarse a apoyar al traidor Uribe! Gringos ingenuos, no cuenten con este cobardón cuando China se les meta en América a través de Venezuela, no se hagan ilusiones porque no hay madera para tallar el santo. El de la mano dura…
¡Demagogos cabrones que se creen los protagonistas de la Historia y que nosotros somos sus comparsas! Dizque Bolívar y Dios… Con su par de espantajos me limpio el trasero..

Articulo mi otro prójimo por Fernando Vallejo

23 de noviembre de 2006 por ojosabiertos

Mi otro prójimo por Fernando Vallejo
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Mi otro prójimo
Por: FERNANDO VALLEJO
Durante la segunda mitad del siglo XVIII y las dos primeras décadas del XIX, Maupertuis, Lamarck y Erasmus Darwin empezaron a hablar de lo que hoy conocemos como la teoría de la evolución: que todos los seres vivos, sin excluir al hombre, están emparentados por provenir de antepasados comunes, y en última instancia de un solo antepasado común, la primera célula que dio origen a toda la vida que ha existido y existe hoy sobre la Tierra. En 1859 Charles Darwin (nieto de Erasmus) publicó El origen de las especies para tratar de explicar cómo se origina una especie de otra, el fenómeno de la “especiación”, que es un aspecto de la evolución pero no toda la evolución, y postuló para ello el mecanismo de “la selección natural” o “supervivencia del más apto”, el cual a mi modo de ver no pasa de ser una perogrullada o tautología, una explicación que no explica nada, como Dios, ni más ni menos, con quien tratamos de explicar lo que no entendemos, aunque sin lograr entenderlo a Él. Pero en fin, repleto de datos de botánica y zoología, El origen de las especies daba la impresión de ser un libro muy científico y su aparición marcó el triunfo de la teoría entera de la evolución, que es lo que aquí me importa. Y es que la evolución biológica es una realidad manifiesta. Compárese usted con un perro y verá: usted y él tienen dos ojos, dos oídos, una nariz con dos orificios nasales, boca u hocico con dos hileras de dientes, un sistema circulatorio con venas y arterias y sangre roja con hemoglobina, pulmones para respirar, un sistema digestivo que procesa los alimentos y los excreta, etc., etc. Y sobre todo, que es lo que cuenta para la tesis que voy a sostener aquí, un sistema nervioso con el que usted y el perro sienten el dolor, el hambre, la sed, la angustia, la alegría, el miedo… Un sistema nervioso, que es el que produce el alma. Y dejando al perro, compare ahora a su mujer con la hembra del chimpancé y verá que los ciclos reproductivos de ambas son casi iguales y que usted está casado con una casi igual, una semisimia parlante que produce óvulos, tiene menstruación mensual, es fecundada en el coito a través de una vagina y pare después de varios meses de gestación por el mismo orificio por el que la inseminaron. Y ponga a una simia y a su mujer a agarrar sendas piedras a ver. Míreles las manos. ¿No se le hacen muy eficaces, muy expresivas, muy parecidas por no decir que iguales? Y míreles las caras, la expresión de las caras. Y por si le quedan dudas, tenga presente lo que nos enseñan la citología y la biología molecular respecto al cariotipo y el genoma: el chimpancé, el gorila y el orangután, o sea los grandes simios, tienen 24 cromosomas; el hombre, tiene 23, pero resulta que uno de los cromosomas nuestros está partido en dos en ellos; los restantes cromosomas son iguales. En cuanto al genoma (o sea el conjunto de los genes que están en los mencionados cromosomas y que determinan quiénes somos, si fulanito de tal o zutanito, si perro o gato), el del hombre y los del gorila y el orangután coinciden en el 98 por ciento, y el del hombre y el del chimpancé en el 99 por ciento. Así nos lo dice la última de las grandes ciencias biológicas, la biología molecular, la de Watson y Crick, la de Avrey, Kornberg, Spiegelman, etc., etc. ¡Carajo! Si no estamos emparentados con los simios, los perros, los gatos, las vacas y las ratas y demás mamíferos (por no ir más allá de la clase Mammalia y ampliar nuestro parentesco al fílum de los vertebrados) tampoco entonces lo están los padres con los hijos, los hermanos con los hermanos, los primos con los primos…
Cinco mil años contados desde el comienzo de la Historia, o diez mil contados desde el comienzo de la agricultura y la ganadería, o cuatro millones contados desde que en forma de australopiteco bajó del árbol, le tomó al hombre descubrir y aceptar que en esencia es un simple animal, una especie más entre los millones de especies que pueblan la Tierra. Para mediados del siglo XX ya a ningún científico le quedaban dudas de que esto es así. El “creacionismo”, como se llamó la teoría opuesta a la de la evolución y que sostiene que Dios creó todas las especies inmutables tal como aparecen en el presente y que unas no provienen de las otras, hoy no es más que un feo engaño del pasado. ¿Y por qué se tardó tanto el hombre en descubrir verdad tan obvia? Por creído, por alzado, por pendejo. Por lo mismo que de 1225 a 1274 produjo a Tomás de Aquino, monje obtuso que creía que las moscas nacían por generación espontánea de la carne en descomposición, y que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo formaban una Santísima Trinidad única e indivisible. Y por lo mismo que en abril pasado, un cónclave mafioso y amañado de 115 travestis tomistas y purpurados eligió un nuevo Papa dizque inspirados por el Espíritu Santo. Y si el Espíritu Santo los inspiraba, ¿por qué no lo eligieron entonces en una sola votación y por decisión unánime, y a la luz del sol y no a puerta cerrada? Ah, por eso. Porque la nuestra es una especie cretina y Colombia igual: habiéndosenos esfumado el efímero sueño papal pues no nos dio la medida nuestro don Darío Castrillón Hoyos, hoy sólo nos queda soñar con el mundial de fútbol. Y que lo vamos a ganar es indudable pues tenemos el alma concentrada en las patas.
Yo que nací en el cristianismo (y en su versión católica que es especialmente infame) he aprendido por mi cuenta, y a contracorriente de esa monstruosidad que se disfraza de religión, a querer a los animales y a respetarlos y a no comérmelos y a sentir su dolor, que hago mío. El inmenso dolor, por ejemplo, que me produce leer en El Espectador, en un artículo reciente de Lisandro Duque titulado “El sueño americano de los pollos”, que hoy en día en Estados Unidos se sacrifican para consumo humano nueve mil millones de esos pobres animales que se crían hacinándolos hasta la asfixia, cortándoles los picos con tijeras sin anestesia ni analgésicos para que no se hieran unos con otros en sus estrechas jaulas, y sin ver jamás la luz del sol, bajo una luz artificial permanente, de modo que no paren de comer y engordar y crecer todo el tiempo y estén listos para ser sacrificados a los dos meses. O el dolor que me causa encontrarme, en el penúltimo número de esta revista, el reportaje de Gonzalo Mallarino “Un día en la perrera”, sobre los 35 mil perros callejeros masacrados durante el último año por el Centro de Zoonosis de Bogotá, cuyo alcalde Lucho Garzón es un hombre tan bueno que para sacrificarse por nosotros aspira a la Presidencia. Y en aras de tan noble fin, puesto que los perros no pueden votar por él los elimina, en tanto a los niños pobres bogotanos les da desayunitos a lo padre García Herreros, tomando muy bien todas las precauciones para que la prensa lo fotografíe a diestra y siniestra y los padres de los niños no se olviden de él el día de las elecciones. ¡Demagogo! ¡Cabrón!
¿Y quién en Colombia ha dicho una palabra ante el horror de esos perros asesinados? Nadie. Nadie ha levantado su voz, todo el mundo calla. Y a quienes hacemos algo por los pobres animales nos lo reprochan como un delito: “¿Y por qué mejor no recoge niños abandonados?”, le increpan a uno. Como si quien nos lo reprocha hubiera recogido en su vida uno solo. ¡Qué degradación moral la de Colombia! ¡Qué país más asesino, de hombres y animales! ¡Qué roña de la humanidad es esta mala raza de esta mala patria que salió a su mala madre, España la de los toros, la que despeña cabras en las fiestas populares para diversión de la chusma católica que engulle hostias, que asesina y come como endemoniada animales y los excreta después para contaminar los ríos y los mares. La del reyezuelo Juan Carlos, el zángano, el mantenido, el Borbón tarado, el cobarde que va a Rumania a matar osos a mansalva, digno sucesor de Fernando VII, su antepasado, a quien la España cerril de hace 200 años le gritaba “¡Vivan las cadenas!”
¿Pero qué piedad podemos esperar por los animales si Cristo, el paradigma de Occidente, el modelo de lo que debe ser el hombre, ni los vio? Tenía ojos para ver y no los vio, oídos para oír y no los oyó, un alma para sentir y no los sintió. No le dio su almita estrecha para entender que los animales eran como él y que sufrían como él y para hacer suyo su dolor. En vano buscaremos una sola palabra suya de amor por ellos en los evangelios. No la hay. Creía que Satanás podía meterse en el cuerpo de una culebra o de un cerdo, de donde pretendía expulsarlo. ¡Cómo puede caber un ser malvado en el cuerpo de unos seres inocentes! Si en algún cuerpo estuvo metido Satanás en su tiempo fue en el suyo, o mejor dicho en su alma, en su alma de hombre, y de hombre rabioso y loco. Cristo no fue más que un profeta loco de esos que producía por cargas, hace dos mil años, Israel. Y dos mil años después, tonsurados y fanáticos nos lo quieren seguir haciendo pasar por el dechado de todas las virtudes, el mejor de los hombres. Ningún hombre ha habido más dañino que este que quiso borrar la ley del talión consagrando la impunidad en este mundo, así como ningún animal de la creación entera ha habido más dañino y malo que el hombre. Y sin embargo de todas las especies animales de la creación, nosotros somos los únicos que podemos experimentar el dolor moral, el dolor por el prójimo, que llega a veces a ser tan intenso, tan destructivo, tan terrible como para acabar con toda esperanza.
¿Pero qué se podía esperar de uno que nació en la religión judía, en ese fanatismo perverso que era capaz de sacrificar a un cordero -un humilde animal inocente que siente las cuchilladas y el terror como lo podemos sentir nosotros- en el altar de Dios, que no existe? Dios es una entelequia estúpida, un engendro malvado de la mente humana por fuera de la cual no tiene existencia propia. El cordero en cambio la tiene. Y sangre. Y un sistema nervioso con el que siente el dolor. Y un alma como la nuestra, y si no, entonces tampoco tenemos alma nosotros. El alma es un epifenómeno del cerebro, la luz del foco. ¡Ay Tomás de Aquino, dominico malvado y barrigón, la que sí no tuvo alma fue tu madre que en mala hora te parió! Como no ha tenido alma tampoco nunca tu infame Iglesia.
¿Y Mahoma? ¿Es que acaso vio a los animales esta bestia bípeda lujuriosa que además de la viuda rica con que se casó para explotarla tuvo 14 concubinas y que propagó su religión haciendo milagros pero con la espada, bañando la tierra en sangre? Tampoco los vio. A las mezquitas no entran los perros ni los perros cristianos. Mahoma les impide el paso. Pues bien, a las religiones de este rufián sanguinario y de ese profeta loco de Israel, esto es al mahometismo y al cristianismo, pertenece hoy en día más de la mitad del género humano: tres mil setecientos millones que son musulmanes o cristianos, y que como los judíos que los produjeron, irrespetan a los animales y no les conceden la verdad innegable de que también tienen alma, la capacidad de pensar y de sufrir. Si la tenemos nosotros también la tienen ellos. Lo que sí no creo es que sea inmortal: ni la suya ni la nuestra. El alma es un producto fugaz y perecedero del cerebro, una pesadilla de la materia.
Paisanos: somos como perros, como gatos, como vacas, como ratas… Hasta tenemos sus mismas enfermedades. Las ratas, por ejemplo, nos contagian la peste, pero nosotros a su vez se la contagiamos a ellas. ¡Pobres ratas! Y a los perros les da diabetes, como a nosotros, y sobre todo si les sacamos el páncreas para experimentar y ver si sí les da. ¡Pobres perros! Y les da cáncer, como a nosotros. Y envejecen, como nosotros. Y se mueren, como nosotros. ¿A qué entonces tanta soberbia de esta especie del Homo sapiens excretora, mentirosa y mala? Y perecedera y vanidosa y protagónica y tartufa como Wojtyla, en vida pavo real inflado de desplegada cola policroma y difunto ahora gracias a Satanás o a Dios o a quien sea, y a quien en estos mismísimos instantes en que escribo se lo están comiendo de a poquito, muerto, en el pudridero de los papas, los gusanos. ¡Pobres gusanos! Hoy se están envenenando en la oscuridad de Dios con semejante malvado mis hermanos gusanos.
Somos una especie más entre millones y millones de especies animales, y las diferencias entre nosotros y los restantes mamíferos son insignificantes. A diferencia de los animales hemos desarrollado el lenguaje hablado, el de las palabras, el cual nos da la capacidad exclusivamente humana de mentir. Nos designamos como el Homo sapiens u hombre sabio pero no, somos el Homo mendax, el hombre mentiroso, la mentira es nuestra esencia. En este mes de junio del año 2005, desde esta altísima columna de moral de la revista SoHo que he levantado sobre viejas en pelota, propongo cambiarla por la compasión. Que pasemos a ser el Homo miséricors, el hombre misericordioso. Misericordioso pero no sólo con los otros hombres como propuso Cristo, quien nada vio, sino también con los restantes animales puesto que en esencia son como nosotros. Todos los animales, y no sólo el hombre como propuso Cristo, son nuestro prójimo. Y lo son en la medida de su dolor. Todo el que tenga un sistema nervioso para sentir y sufrir es nuestro prójimo.
Los Evangelios son cuatro: el de Mateo, el de Marcos, el de Lucas y el de Juan. Si en vez de decir “los Evangelios” a secas, decimos “los santos Evangelios”, entonces sus autores son: san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan. Y como al español últimamente le ha dado, para sumárselo a su anglización rabiosa, por el vicio nefando de la mayusculitis como si fuera alemán, entonces sus cuatro autores son: San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan. Yo, que no paso de un antioqueño carrieludo, les diría simplemente don Mateo, don Marcos, don Lucas y don Juan. “Doctores” no porque ya sabemos que en Colombia “doctor” es cualquier h.p. (o si prefieren, H.P. con mayúscula) y de insultar no se trata. Se trata de comprender: de ver claro en lo confuso y de sacar agua limpia de un pantano. Porque pantanosos son los cuatro Evangelios, a mí que no me vengan con cuentos.

Marcos y Lucas no conocieron a Cristo, y casi todo lo que cuentan de él lo tomaron de Mateo, que fue el que escribió primero y que sí lo conoció, como también lo conoció Juan, el discípulo amado y autor del último Evangelio. Mateo escribió su Evangelio en arameo, que era lo que hablaban en la comarca de Galilea, pero de inmediato fue traducido al griego, la lengua en que escribieron los otros tres. Marcos y Juan eran judíos y también de Galilea, y hablaban por lo tanto arameo (Lucas no, no era judío, era gentil y de Antioquía en Siria). ¿Cómo le hicieron entonces para escribir sus evangelios en griego, que yo en años y años de estudios empeñosos no logro ni medio leer? Ah, yo no sé. Lo aprenderían por ciencia infusa del Espíritu Santo: del Paráclito, que también así se le dice a la palomita blanca que bajó sobre los apóstoles en lenguas de fuego para infundirles todas las lenguas, y que salvó al presidente Uribe de los paramilitares, según nuestro Primer Mandatario le contó recientemente a Patricia Janiot en CNN. Ah no, perdón, fue de las Farc de las que lo salvó, que eran los que lo querían matar pero a quienes él les perdonará sus crímenes decretándoles impunidad absoluta y volviendo la otra mejilla como Cristo porque no es vengativo sino todo lo contrario, un hombre bueno cuya sexualidad sólo se expresa con el gustico de contar votos: cada mil quinientos eyacula. Y a propósito de este santo varón bendecido por el Paráclito, ¿qué fue lo que pasó la otra noche en La Carolina, en la oscuridad de sus montañas y de las conciencias? Ah, yo no sé, infórmense en Semana, que allá sabrán. Pregunten por los Doce Apóstoles, así, con mayúsculas, capitaneados por Santiago el Mayor.

Pero volviendo a los Evangelios, ¿qué decía que se me olvidó? Ah sí, que san Mateo escribió su Evangelio en arameo pero que de inmediato lo tradujeron al griego. ¿Quién lo tradujo? No se sabe. ¿Y dónde está el original arameo? Se perdió. ¿Y la traducción original griega? También. ¿Y cómo sabemos que el Evangelio de San Mateo que conocemos hoy y que leen los curas en misa (antes en latín y hoy en lengua vernácula) no es un fraude del viento, un invento de los siglos transcurridos, casi veinte? Ah, yo no sé, Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que saben responderlo. Lo que sí sé, porque salta a los ojos en una lectura atenta, es que los evangelistas se contradicen. O sea, el viento tramposo y fraudulento que ha tenido veinte siglos para ponerlos de acuerdo se ha limitado a soplar como en un caracol vacío. Un ejemplo. Cuando crucifican a Cristo le ponen a lado y lado, en sendas cruces, a dos ladrones, de los cuales hablan los cuatro evangelistas. Juan apenas si los nombra (“en el Gólgota donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y en el centro Jesús”). Mateo dice lo mismo (“También crucificaron con él a dos ladrones: uno a la derecha y otro a la izquierda), pero luego agrega que los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos, más los que pasaban cerca a la cruz, injuriaban a Cristo y se burlaban de él diciéndole que si era tan el Hijo de Dios y tan el Rey de Israel, que se bajara de donde lo habían colgado, y “de la misma manera, también lo insultaban los ladrones que habían sido crucificados con él”. Y lo mismo cuenta Marcos: que lo crucificaron con “dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda”, y que los príncipes de los sacerdotes y los escribas y los que pasaban lo injuriaban y se burlaban de él, para terminar el pasaje diciendo: “Incluso los que estaban crucificados con él le insultaban”. Pero Lucas, después de contar que lo crucificaron con dos ladrones, “uno a la derecha y otro

a la izquierda”, y que todo el mundo se burlaba de él y lo injuriaba, termina el episodio de una forma muy distinta: “Uno de los ladrones crucificados le injuriaba diciendo: «¿No eres pues Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro le reprochaba a su colega: «¿Ni siquiera tú que estás en el mismo suplicio temes a Dios? Nosotros, en verdad, aquí estamos merecidamente pues recibimos lo debido por lo que hemos hecho, pero éste no hizo mal alguno». Y luego le dijo a Jesús: «Acuérdate de mí cuando estés en tu reino». A lo cual le respondió Jesús: «En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso»”. ¿Entonces qué, en qué quedamos? ¿Los dos ladrones lo insultaban, o sólo uno? Mateo y Marcos dicen que ambos, pero Lucas dice que sólo uno. ¿A quién le creemos? ¿A aquéllos, o a éste? A mí el asunto del buen ladrón me tendría sin cuidado si la Iglesia no sostuviera la “canonicidad” de los cuatro Evangelios, esto es, que al igual que los 23 libros restantes del Nuevo Testamento y todos los del Antiguo, los cuatro Evangelios fueron inspirados por Dios. “Un libro es canónico cuando habiendo sido escrito bajo la inspiración divina es reconocido y propuesto como tal por la Iglesia. La Iglesia no define como canónico ningún libro que no sea inspirado”, palabras de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra inspiradas si no por Dios por lo menos por monseñor José María Escrivá de Balaguer, fundador y dueño del Opus Dei, un negocito del carajo. ¡Carajo, qué son todos estos cuentos! ¿No se podía poner el Espíritu Santo de acuerdo consigo mismo al dictarles a los cuatro evangelistas cuatro versiones concordantes en vez de ponerlos a contradecirse en este asunto de los dos ladrones?

Señor presidente Uribe: hago una pausa aquí para preguntarle cómo supo que fue el Espíritu Santo el que lo salvó de las Farc y no el Padre o el Hijo. ¿Tiene usted forma de distinguirlos? ¿De decirnos cuál de las Tres Personas Distintas de la Santísima Trinidad es cuál, separándola de las otras? Le dijo usted a Patricia Janiot que el Espíritu Santo fue su salvador. ¿Cómo lo reconoció, cómo lo supo? ¿Por la apariencia? ¿Por la voz? ¿Por el olor? ¿A qué olía? ¿A azahar, o a tabaco rancio? Propongo que la Universidad de Lovaina le dé a Su Excelencia el Doctorado Honoris Causa en Teología y que lo firme el Papa Ratzinger. ¡Hosanna, colombianos, de Primer Mandatario tenemos un teólogo, Colombia está salvada!

Como el cuentecito ese de los dos ladrones, entre contradicciones, ridiculeces, turbiedades, infamias, atropellos, absurdos y mentiras, en los Evangelios tengo contados como mil quinientos que he ido anotando en cuadernos para sacárselos en cara a la Iglesia cuando acepten mi desafío a discutir ante los niños de Colombia sus embustes por televisión. Aquí les va un atropello mezclado con una infamia: el episodio del endemoniado y la piara de cerdos. Lo cuentan tres de los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos y Lucas. Que al llegar Cristo a la región de los gadarenos y los gerasenos vino a su encuentro un endemoniado (Mateo dice que dos) pidiéndole que no se metiera con él, que lo dejara tranquilo con sus demonios adentro. Pero Jesús, que actuaba como Nazarín el de la novela de Galdós y la película de Buñuel que donde ponía la mano metía la pata, resolvió sacarle los demonios y hacerlos entrar en una piara de cerdos que por allí pacían. Y dicho y hecho. “Entonces toda la piara corrió con ímpetu por la pendiente hacia el mar y pereció en el agua”, dice Mateo. Y Marcos: “Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y con gran ímpetu la piara, alrededor de dos mil, corrió por la pendiente hacia el mar, donde se iban ahogando”. Y Lucas: “Salieron los demonios del hombre y entraron en los cerdos; y la piara se lanzó con ímpetu por un precipicio al lago y se ahogó”. ¡Dos mil! ¿Se imaginan? Ése fue el dañito que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad les hizo a los porqueros. Supongamos que le haya hecho un bien al endemoniado sacándole los demonios, ¿pero a los porqueros? ¿Les pagó acaso a los porqueros los dos mil puercos que les hizo caer al lago o al mar? ¡Qué se los iba a pagar! Mateo concluye el episodio así: “Los porqueros huyeron y al llegar a la ciudad contaron todo, en particular lo de los endemoniados. Ante esto toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y al verle le rogaron que se alejara de su región”. Y con similares palabras concluyen el episodio Marcos y Lucas. ¿Y saben qué comentan al respecto, en nota de pie de página de su edición de los Evangelios, José María Escrivá de Balaguer y sus secuaces de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra? Esto: “Contrasta la distinta actitud ante Jesucristo: los gerasenos piden a Jesús que se aleje de la ciudad; el que fue librado del demonio quiere quedarse junto a Jesús y seguirle. Los habitantes de Gerasa han tenido cerca al Señor, han podido ver sus poderes divinos, pero se han cerrado sobre sí mismos pensando sólo en el perjuicio material que constituyó la pérdida de los cerdos; no se dan cuenta de la obra admirable que ha hecho Jesús”. ¡Imbéciles! A ver si los Uribes aceptan que Cristoloco, por sacarles los demonios de adentro a Tirofijo, les eche por un despeñadero sus toros de lidia de La Carolina. Y a propósito, Uribe, de marranos y toros de lidia y demás animalitos hermanos míos de cuatro patas: ¿ya echaste a la mataperros Londoño del Instituto de Bienestar Familiar, o sigue impune? Impune como está impune el mataperros Lucho Garzón, que electrocuta 35 mil perros callejeros al año en su Centro de Zoonosis. Te va a llover, Uribe, te va a llover.

Cristo es un loco arbitrario y rabioso. ¿Qué es la parábola de los obreros de la viña, que cuenta Mateo, si no la consagración de la arbitrariedad? Un amo sale a contratar obreros para su viña, a denario por día. A unos los contrata al amanecer, a otros a la hora tercia, a otros a la hora sexta, a otros a la hora nona y a otros a la hora undécima. A la caída de la tarde llama a su administrador y le ordena: “Llama a los obreros y dales el jornal, empezando por los últimos hasta llegar a los primeros”. Y así procede, a todos les paga un denario, a los que trabajaron el día entero bajo el calor y a los que sólo trabajaron una hora, y no sólo eso sino que les paga primero a los que llegaron de últimos. Y cuando los que trabajaron el día entero se lo reprochan, a uno de ellos le contesta: “Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿acaso no conviniste conmigo en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero dar a este último lo mismo que a ti, ¿no puedo yo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O es que vas a ver con malos ojos que yo sea bueno? Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”. Les evito la explicación entera de los secuaces del Opus Dei por descarada y estúpida. Concluye así: “A primera vista, la protesta de los jornaleros de primera hora parece justa. Y lo parece porque no entienden que poder trabajar en la viña del Señor es un don divino”. Va fan culo, que trabaje su madre en ella, en la viña del Señor, que yo me siento a rascarme las pelotas. Ésta es la parábola de la arbitrariedad y la injusticia. ¡Por las barbas de Castro, por la calva de Lenin, por la tumba de Marx! ¡Viva la revolución matacuras!

En cuanto al rabioso, sirva para retratarlo la expulsión de los mercaderes del templo. “Y entrando en el templo comenzó a expulsar a los que vendían y a los que compraban y derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas. «Escrito está que mi casa será llamada casa de oración y vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones»” (Marcos, 11, 15-19). Y yo pregunto: ¿Si no quería que los cambistas y los vendedores de palomas trabajaran en el templo, por qué no los hizo ricos? ¿No dizque era pues el Hijo del Padre, y su padre el Todopoderoso? Lo que pasa es que según mandato del Éxodo (23,15) los judíos no se podían presentar en el templo con las manos vacías sino que tenían que traer siempre una víctima para el sacrificio. Así que para facilitarles a los que venían de lejos el cumplimiento de este mandato infame se había montado en el atrio del templo un especie de feria de ganado, un mercado de venta de animales para el sacrificio. Infame la religión judía que no respetaba a los animales, e infame la religión cristiana que nació de ella. ¿Cómo se puede sacrificar a un cordero, que siente y sufre como nosotros, en el altar de Dios, que no existe? ¿Y que si existe es el Todopoderoso que no necesita de la sangre de un pobre animal inocente? ¡Judíos cabrones! ¡Cristianos cabrones! ¡Maricas! ¡Pirobos!

En cuanto a las palomas que vendían los mercaderes del templo, ¿no estaría entre ellas el Espíritu Santo, el Paráclito? ¿El que salvó a Uribe de las acechanzas de las Farc? Y ojo a no leer “paralítico” ni ir a pensar que el Paráclito es el que lo tiene todo el tiempo parado. No. Ésos son los lectores de SoHo. ¡Ah con estas viejas en pelota que salen aquí crucificadas, en un vía crucis más doloroso que el que padeció Cristo! ¡En qué estado nos mantienen! Tan perturbadoras ellas, tan capaces de parir, desde sus entrañas tenebrosas, los muchachos más hermosos…

Los rapaces por Fernando Vallejo

23 de noviembre de 2006 por ojosabiertos

Los rapaces por Fernando Vallejo
 
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Los rapaces
Por: FERNANDO VALLEJO
Aunque todos son iguales empiezo con Gaviria el senador, el cenador, el leguleyo, el Hombre de las Leyes, que aspira a ocupar dentro de año y medio el puesto que ya ocupó el otro Gaviria, el mariquita que nos dejó en la ruina: económica, cultural, social, moral, total. Ex magistrado de la Corte Constitucional, este otro Gaviria hoy es miembro del Congreso en su sección Cenado. Ayer mamó allá, hoy mama aquí. Mama y cena. En un país donde millones si desayunan no almuerzan y si almuerzan no comen, éste mama y cena. ¿Y qué cena el cenador Gaviria? ¿Caldo de leyes? ¿Sopa de letras? Yo digo que ternera a la llanera, sobrebarriga, chicharrón en manteca, porque además de hematófago se me hace que es carnívoro. Hematófago, o sea sanguijuela que vive de chuparnos la sangre con el cuento de que nos la paga con constituciones y leyes. ¿Para qué más leyes, cenador Gaviria, si la casi totalidad de los delitos que se cometen en Colombia, por monstruosos que sean, se quedan impunes? ¿Y para qué constitución? Los que pergeñaron esta puta por instigación del Gaviria mariquita la parieron con 180 erratas. Ni siquiera tuvieron el cuidado de lavarla, y así, sucia como les nació de sus puercas vaginas, empezó su camino por nuestra sufrida Colombia esta nueva Carta Magna que dizque venía dizque a reemplazar dizque a la otra, la centenaria y teñida de sangre. Y de inmediato la nueva puta sucia se tiñó de sangre y de infamia. Es que no podía ser de otro modo, convocada la Constituyente que la emitió por quien la convocó: la mariquita Gaviria, que donde pone sus sucias manos todo lo empuerca. El que se montó al poder por sobre el cadáver de Galán, a quien servía; el que le permitió a Pablo Escobar que nos masacrara con sus sicarios y sus bombas y se construyera el búnker de La Catedral desde donde pudiera seguirnos asesinando a mansalva y allí le metiera preso, en uno de los episodios más vergonzosos de la historia de mi país, a su viceministro de Justicia; el que sin haber construido una sola calle abrió la importación de carros y nos embotelló el destino; el que sin haber construido una sola fábrica les abrió las importaciones a los rapaces internacionales y le dio a la industria colombiana el puntillazo que le faltaba, el que no le había alcanzado a dar la Ley con sus atropellos disfrazados de justicia social y con sus trabas burocráticas; el manzanillo local que en un acto de manzanillaje internacional se montó en la OEA durante ocho años hasta que la degradó y acabó con ella. Ése: la mariquita manzanilla de Pereira que ahora vuelve. Vuelve impune pues no lo castiga nadie: ni la Ley, ni Dios, ni las Farc, ni el Ejército, ni los paramilitares, ni la gente de bien, ni los criminales que dizque tan machos son pero no tanto. Ahí vuelve. A ver, Cesarito, ¿de qué querés volver esta vez, bonita, de Primera Dama? ¿Y cuántas bellezas del sexo fuerte tenés, traés? ¿Cinco? ¿Seis? Angurrioso, avorazado, ¡pasá una!
Hoy en Colombia la Ley es una puta y los Gavirias y los de su calaña sus lenones: los que la ordeñan y la explotan. ¡Pensar que aquí hubo una ley de ausentismo! A los que nos teníamos que ir porque Colombia la leguleya nos había cerrado todas las puertas (como no fueran las de la política y de la delincuencia, que esas sí siempre han estado abiertas para el granuja que quiera pasar), nos cobraban en el aeropuerto el impuesto de ausentismo cuando volvíamos cuando podíamos, con lo poco que teníamos, a visitar a la familia. ¡Y hoy, cabrones, hoy que somos cuatro millones los colombianos que vivimos afuera, o sea la undécima parte de la población, ustedes, politiqueros leguleyos, viven y maman de los 4.500 millones de dólares que les mandamos al año! Por eso hoy no se le derrumba el valor del peso a Uribe y tiene con qué pagar los sueldos de los consulados y las embajadas con los que compra las voluntades y las conciencias de los del Honorable Congreso de la República para que lo reelijan. Las exportaciones colombianas no alcanzan para compensar las importaciones y ni se diga para pagar los intereses y vencimientos de la inmensa deuda externa que nos han montado él y predecesores. ¿De dónde sale entonces para pagar todo lo anterior y por añadidura los sueldos del servicio diplomático, esto es, embajadores, cónsules, agregados, ministros consejeros, etc., etc.? De nuestras remesas. De ahí sale. Con ellas, con nuestros dólares, tú, Uribe, desvergonzado, les estás pagando a los hijos y a los hermanos de los miembros de ese Congreso cuyas conciencias compraste para que te aprobaran la reelección. No hace mucho en un periódico te hicieron la lista. En ella podrás ver a quienes tan bien conoces: a Carlos José Holguín, hijo del senador (cenador) que dirige el partido conservador, de embajador en Ecuador; a Miguel Gómez, hijo de Enrique Gómez Hurtado, de embajador en Francia; a Claudia Turbay, hija de Julio César, de embajadora en Uruguay. Y así y así y así. La larga lista de los hijos y las hijas, los hermanos y las hermanas de los comprados, de los vendidos. Los que tú Uribe, que eres el da y reparte, compras con nuestros dólares. A la momia impúdica de Turbay (el padre de la que digo que es embajadora en Uruguay), lo vi la otra noche declarando por televisión: hablaba lentamente, buscando las palabras (como si alguna vez las hubiera tenido), para decir en esencia que esperaba vivir muchos años (calculo que otros cien), para ver reelegido a Uribe por infinitos períodos constitucionales porque dizque éste era el único capaz de darles la pelea a los bandidos. ¡Pero cuáles bandidos! ¿Y él que es? ¿Es que acaso Julio César Turbay Ayala es un hombre honorable? ¡Carajo, Dios no existe! Bandido de la política, como ninguno, es lo que eres, maestro de las argucias y manipulaciones más tortuosas, momia ignara y putrefacta. Y Mamatoco López, que tiene a su hijo colocado de embajador en Londres, haciéndonos la farsa de la contraparte. Ustedes dos cantan a dúo, bandidos, el dúo de las momias bellacas. Mi única esperanza de que no se nos vayan a morir impunes estos dos (como se nos murió el primo de Mamatoco López, Jaime Michelsen, gran bandido de cuello blanco, nuestro Houdini de las finanzas y la estafa) es que los asesinos de las Farc me los castiguen. Ahí te los encargo, Tirofijo.
Ah, y Mamatoco López apoyando a Peñalosa. ¿Para qué? ¿Para que Peñalosa le bendiga la finquita? Tú, Peñalosa, hijo legítimo de Fadul y Peñalosa y que mamaste la corrupción in utero, ¿cuánto sacaste del Transmilenio con Pastranita? A ver, decí, contá, contá los billetes. Ya te tengo tres sabuesos siguiéndoles las pistas a todos tus contratos. Postúlate para la presidencia y en mí vas a encontrar a tu Nacho Vives, manos limpias.
Pero se me olvidaba: hubo aquí también impuesto de soltería para que en un país donde no hay trabajo para millones que se tienen que ir, lo pagaran los que no tenían hijos. Ya no existen esos dos impuestos infames, pero claro, porque no les conviene a los explotadores de la puta. Lo que sí van a hacer ahora es sospechar de nuestras remesas diciendo que son del narcotráfico para crear otra dependencia burocrática que se acabe de parrandear lo que deje Uribe de nuestros dólares en las embajadas, como Focine se parrandeó en sueldos y burocracias lo que debía ir a los cineastas colombianos del sobreprecio que inventaron para las boletas de los teatros; o como se parrandean los impuestos los burócratas del Ministerio de Cultura, que no hace mucho estuvo a punto de clausurar la Orquesta Sinfónica porque no tenía con qué pagarla, siendo así que mientras no existió ese ministerio y durante casi un siglo, que es lo que lleva esa orquesta desde que la fundó Guillermo Uribe Holguín cuando Colombia no tenía ni tres millones de habitantes, sí hubo. Mentira que el dinero que mandamos es del narcotráfico. ¡Es el de nuestro trabajo honrado! El precio de la cocaína está más quebrado que el del café porque de tanto que exportaron los carteles colombianos de la droga lo quebraron, y porque entró al mercado, a competir con ella, un nuevo tipo de estupefacientes -el éxtasis y las anfetaminas- que cuesta muy poco producir y no necesita de guerrillas ni cultivos, y que es lo que hoy consumen los jóvenes en las discotecas. Dinero del narcotráfico es el que financió la campaña de Samper, y él y Dios muy bien lo saben. Y si siempre sí se quedan impunes los paramilitares y devuelven algo de lo que se robaron aunque embolsándose la tajada grande, ni un centavo de ese dinero devuelto irá a dar a sobrevivientes de sus víctimas para resarcirlos en algo como pretenden los burócratas y leguleyos porque éstos a su vez se lo robarán cuando se pongan a administrarlo. Ni un solo centavo, óiganlo bien, porque Colombia es el reino de la impunidad y la mentira.
Pero hay más: esa puta de la Ley que alcahuetea las masacres y los crímenes más horrendos ya empezó a atropellar a los ciudadanos decentes. Indiferente presenció el país cómo en nombre de la clase política Alfonso Gómez Méndez, Procurador y luego Fiscal General de la Nación y hoy aspirante a la presidencia, le daba el zarpazo al gobernador del Valle, el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, acusándolo de que les había vendido una estatuilla al cartel de Cali, y lo tumbó de la gobernación y lo metió preso y le quitó sus derechos políticos de por vida. Compinche de Serpa, quien a su vez lo era de Samper como su ministro de gobierno, a Gómez Méndez se le olvidaban las trapacerías de ambos. Buena parte del país les vendió de todo a los narcos: carros, casas, fincas, y alguno hasta su conciencia para llegar a la presidencia. Y es que los narcos estaban por todas partes, como Dios Padre. ¿Por qué entonces Gómez Méndez no metió preso a su jefe Serpa y al jefe de ambos Samper que recibió millones de dólares del cartel de Cali para su campaña? ¿O a Tirofijo o a Carlos Castaño, si es que era tan verraco? Vil es lo que es. Ex procurador, gran bellaco, ve a ver cuánto dinero tiene Gardeazábal a ver si sí como tú decías estaba coludido con los narcos.
Esa Serpa o Sierpe es una sierpe asnal. Como Turbay, abre la boca y rebuzna. Empezó su carrera de dialogador de paz alcahueteando a las Farc, como Ossa. No vayas a fumar marihuana, hombre Serpa, como Ossa, pues si bien el ciudadano normal tiene 3 mil 343 trillones 299 billones 364 millones 494 mil 450 neuronas, de suerte que puede quemar algunas, si así le place, con la hierba maldita, las cuatro que vos tenés las tenés que cuidar mucho para el bien de Colombia pues esta vez sí te vamos a elegir presidente para que nombrés a Uribe de embajador en la OEA. ¡Cómo se te ocurrió renunciar a semejante puestazo sin tener nada en firme! ¡Qué arriesgado sos! Claro, hoy querés mamar de una teta más substanciosa y estás en todo tu derecho. Que dizque respetás mucho al ex presidente Gaviria, al ex presidente Samper, al expresidente López y al ex presidente Turbay, pero que ya estás lo suficientemente crecidito y madurito y con pelitos en el chimbo como para tener tu movimiento propio, el sierpismo. Así que ya saben, paisanos, en adelante a los lagartos de Colombia se les llamará “sierpes”.
Pero en fin, qué carajos, yo soy protector de los animales y amo a los lagartos, a las culebras, a los asnos, y amo también, aunque me inspiren temor, a los lobos. De ahí mi compasión por el asno Serpa y el lobo Wolf, quien en su carrera por la presidencia perdió una pata y hoy, con sólo tres, corre en desventaja compitiendo con la jauría de los rapaces. Menos mal que de su primera aventura le quedaron los colmillos intactos.
Y porque quiero a los animales, desde esta altísima columna en que me monté y desde la que diviso viejas y más viejas en pelota (que me fascinan), denuncio a Beatriz Londoño Soto, quien cuando era Secretaria Distrital de Salud de Bogotá asesinó en Engativá a 400 de mis hermanos perros en la forma más monstruosa, con la alcahuetería de su jefe Antanas Culo y el silencio cómplice de Colombia. ¿Y hoy qué? ¿Dónde creen que está ésta? De Directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, mandando desde su puerca vagina a más de 500 burócratas. Así premia Colombia a sus criminales. Uribe, cura tartufo, aguzá el oído, oíme bien, enchufate con tus cinco sentidos: si para mi próximo artículo de esta honorable revista que saldrá en el mes de mayo no me has destituido a la mataperros Londoño Soto y me la has mandado al Buen Pastor en tanto decido dónde la electrocuto, tenete fino porque te va a llover: voy a soltar la lengua y a hablar de tus viejas tetonas, cura tartufo, y vas a maldecir el día en que compraste con tus hermanos compinches La Carolina.
Ah, y el alcalde Garzón. ¡Ay, repartiendo desayunitos en las escuelas de Bogotá entre los niños pobres con el convoy de camarógrafos de testigos que te siguen y te filman y te sacan en televisión! Dando limosna a campana herida como el cura García Herreros ante las cámaras de la televisión para que digan que sos bueno y te elijan de presidente. Limosna das, pero con plata ajena, no con la tuya: con la de los impuestos, cabrón. ¿O es que algún día has sacado un quinto de tu bolsillo para un niño pobre? ¡Con que esa es tu lucha, Lucho! Ya te leí el alma, alcalducho. ¿Y cuántos de los desventurados perros que vagan por las calles de Bogotá has recogido? Ni uno, porque claro, como no pueden votar por vos… Y me vas cerrando la plaza de la Santamaría o vas a ver. Te echo a Antonio Caballero, que es mi amigo, para que te toree. Ese sí te saca unos buenos pases…
¡Ah con esa maldita Beatriz tan mala y tan taimada y estas mujeres públicas tan ambiciosas y dañinas! De ilustres matronas y cultas damas pasaron a ser perras sueltas, “mujeres de 4 en conducta”, como diría mi paisano Jaime Sanín Echeverri el novelista, que ya murió pero a quien aquí recuerdo y le pongo una florecita de homenaje en su tumba en nombre mío y en el de Noemí que tan generosamente nos está representando en España de embajadora. Y María Emma (con dos emes, ¿eh?, no con una) compitiendo con ésta en carrera tendida detrás del gran nabo de la presidencia. ¡Jua! Estas dos yeguas por más buenas que sean, para la carrera de fondo son pecata minuta ante mi preferida, la desprendida, la luchadora, la justiciera Íngrid: Íngrid Betancur, o “Betancourt” que también así se dice, pues ella es colombiana pero francesa. Mujer excepcional de cuatro tetas y dos vaginas es bipátrida. Señor embajador de Francia: se me va ya ya ya a los Llanos a rescatar a su paisana que hoy sufre cautiverio en manos de las Farc, pues a usted le toca, ya que ella es agente encubierto de su país que quiere apoderarse del millón de kilómetros cuadrados del territorio del nuestro. Ella es su Matahari, su Juana de Arco. Y le quiero decir, señor embajador, para que lo sepa, que de los 6 mil secuestrados que hay hoy en Colombia (el gobierno dice que 2 mil quinientos, pero el gobierno roba y miente), uno solo está secuestrado porque se lo buscó, de su propia voluntad, motu proprio, y ni uno más: ella sola. Para hacerse ver, por su ambición, por demagoga, se fue esta mujercita al Caguán recién recuperado a meterse en la boca del lobo. ¿Para qué? Para tomarse con Tirofijo la misma foto que tres años antes se tomó Andrés Pastrana abrazado al hampón. Para eso. Para salir retratada con el hampón como salió este alfeñique con bigote en su búsqueda de la presidencia.
Y aquí hago una pausa para abrir párrafo aparte, un párrafo que el señor embajador de Francia no debe leer pues es de incumbencia exclusiva de los colombianos, y mandarle un comedido recado a Andrés Pastrana, el de la foto con Tirofijo: follón, felón, hijo de tu papá y de tu mamá, malnacido, ¿cómo te fue en Cuba con Castro? ¿Siempre sí te va a prologar tu libro de memorias? Ya te tengo título: Memorias de la infamia. Y sigo con las mujeres de 4 en conducta.
Cuando yo nací, en Medellín no había más mujeres públicas que las privadas; o sea, las que se usaban para el uso común, las rameras: en Guayaquil, la Curva del Bosque, Lovaina, Las Camelias, El Fundungo y La Bayadera, barrios que llamaban de tolerancia y donde estaban las que se llamaban casas de citas aunque no sé por qué, pues en ellas nunca hubo que pedir cita.
¡Ah, cómo cambia el idioma y cómo cambian los tiempos y cómo se putea todo, hasta misiá hijueputa! Hoy por ejemplo al Congreso de la República le dicen “honorable”: el Honorable Congreso de la República. Entonces aquí propongo, por analogía idiomática, que hablemos en adelante del Honorable Secretariado de las Farc. Y al Honorable Secretariado de las Farc le pregunto: ¿qué están haciendo con Íngrid, nuestra redentora bipátrida? ¿Dónde la tienen haciendo sus necesidades? ¿A la intemperie? ¿De noche? ¿A oscuras? ¿En un rastrojo? ¡Crueles! ¡Malvados! ¡La van a picar las cachonas en las nalgas! Y ojo con su marido, que es muy bravo: la otra noche le oí decir por televisión que estuvo a punto de pegarle al ministro de gobierno de Pastrana dizque porque éste dizque decía que dizque lo de Íngrid dizque era un autosecuestro. Y no, todos sabemos que no. Ella está allá por su decisión, su decisión propia surgida de su vagina: de su propia voluntad (pues es mujer valiente comprometida con la causa de los humildes y está ahíta, ya cenó, fue cenadora), ella se fue a hacerse ver al Caguán, donde sigue desde hace tres años en su lucha. Honorables miembros del Honorable Secretariado de las Farc: monten una hoguera de leña seca y quemen en ella a Juana de Arco. Y le mandan sus cenizas al embajador de Francia en un paquete por DHL.
Malnacidos y malnacidas: me hicieron ir y en mi ausencia acabaron con Colombia, me la volvieron un desastre. Miles de secuestrados, miles de asesinados, tres millones de desplazados, cuatro millones de exiliados, medio país desocupado, la industria en ruinas, el campo en ruinas, la cultura en ruinas, la moral en ruinas, eso es lo que me dejaron. Sí, caterva de malnacidos y malnacidas, por no decirles de hijueputos e hijueputas.

Articulo nuestro querido presidente POR FERNANDO VALLEJO

23 de noviembre de 2006 por ojosabiertos

El liliputiense bellaco por FERNANDO VALLEJO
 
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El liliputiense bellaco
Por: FERNANDO VALLEJO
-¡Con que siempre sí se nos va a reelegir el hombrecito, le dieron permiso!
-¿Pero quién? ¿Quién se lo dio?
-Ah, yo no sé, compadre, yo de política no sé un carajo. Por ái me dijeron que el Congreso.
-¡Ah, con razón! Es que esos mercaderes son capaces de vender hasta la cruz de Cristo y la lechita de sus madres. ¿Y cómo le hizo pa convencerlos, los compró?
¡Claro, los compró! Pero no con su plata ganada con el sudor de su frente: con la mía, con la nuestra, con los cuatro mil millones de dólares que le estamos girando a Colombia desde el exterior por año los colombianos de la diáspora, que es con los que se pagan las embajadas, los consulados y demás lechosos puestos diplomáticos que el lactífero repartió entre los familiares y paniaguados de los congresistas que le aprobaron su reforma, la que hoy le permite competir para seguir mamando del presupuesto otros cuatro años. O con qué creen que se pagan, díganme a ver. ¡Con nuestras rameras, carajo! Perdón, con nuestras remesas, con ésas, las de los tres millones de colombianos que vivimos afuera porque la patria del acondroplásico nos echó. Con nuestros dólares ganados uno a uno, gota a gota de sudor y sangre, con ésos los compró. Paisanos, si este culibajito se vuelve a pegar de la teta grande, no lo suelta diái ni misiá Hijueputa, ¿que saben quién es?
-¡La mamá di uno que vi entrando el otro día a la Cámara!
-A cuál de las dos: ¿a la alta, o a la baja?
-No sea güevón, hombre, que la única Cámara es la baja.
-No, señor, también hay una cámara alta: el Senado.
-Ah, si es así, pues entonces sepa que también vi el otro día a otro hijo de doña misiá Hijueputa entrando al Senado.
Quitando los de la droga (que son obra del esforzado trabajo de las Farc o del de los paramilitares que nuestro homúnculo hace poco, a la verraca, indultó), ¿cuántos dólares creen que produce Colombia en exportaciones al año? El Perú, cuyo presidente Toledo en ningún momento de su gobierno llegó en las encuestas ni siquiera al diez por ciento de aprobación, el año pasado exportó 18 mil millones de dólares, y ese pobre país, que es una cordillera seca, un yermo hambreado, no tiene ni la mitad de la población de Colombia, que es fértil. Dentro de unos días, antes de entintar el dedo, paisano, averígüese las cifras de exportación de Colombia para cualquiera de los cuatro años del gobierno del más grande presidente que hemos tenido en doscientos años y me las compara con las del Perú. Y si no se le cae la cara de la vergüenza, es que usted no tiene. Y si no tiene, entonces sí, vote otra vez por él para que el gran mamón que ya mamó de la Alcaldía de Medellín, la Gobernación de Antioquia y la Presidencia de Colombia siga mamando de ésta otros cuatro años, que según el mejor estilo de su mentor Hugo Chávez se nos multiplicarán por otros cuatro para convertirse en dieciséis. ¡Vote, vote por él para que se siga hastiando la criaturita de leche! Eso sí, le reconozco al homunculito una cosa: que con todo y lo chiquito que es y lo culibajito, él ha sido el único que fue capaz de agarrar a Tirofijo en doscientos años. Conseguido lo cual, ahora se va a seguir con Grannobles, Raúl Reyes y Romaña. Pero claro, apenas lo reelijamos. Entintadores de dedos, votadores, votones, el que compre hoy un carro en Colombia, un televisor, una casetera, sepa que no los está comprando con los dólares que produjo el mejor presidente que hemos tenido en doscientos años, sino con los que les mandamos los de la diáspora: nosotros, los verracos, los que alzamos la pata y orinamos billete verde.
La otra noche lo vi por televisión en CNN contándole a Patricia Janiot que el Espíritu Santo lo había salvado dos veces de las Farc. ¡Ah paloma cagona! ¿Por qué más bien no nos librás de ése, que hoy por hoy es la gran plaga que tiene Colombia? Él y la clase rapaz que representa, “la clase dirigente”. ¿O es que no ves nada desde arriba, paloma güevona? Y después lo volví a ver por CNN pero ahora en la Casa Blanca, dirigiéndose en idioma maicero, montañero a su amo, el mismísimo Bush.
-¿Y qué sintió, compadre?
-¡Pues orgullo patrio! El hombrecito se empina, aprieta el culito y entona.
-¿Y qué dice?
-Dice: “Muuuu…”
-¡Qué gran hombre! Es el mejor presidente que ha tenido Colombia en doscientos años.
-Pero hablemos de nosotros, de usted y yo compadre, de los problemas que nos aquejan. ¿Sabe cuál es la última?
-No, cuente a ver…
-Que me van a meter preso.
-¡Pero quién! ¡Y por qué!
-No sé, un juez…
-¿Hombre o mujer?
-No sé, no me acuerdo, con los años ya ando medio debilucho de la memoria. Me manda citatorios por e-mail: que se me presenta el día tal a la hora tal en el sitio tal para que responda por lo que dijo en la revista SoHo.
-¿Y qué dije yo en la revista SoHo, señor juez?
-Dijo: “¡Viva la revolución matacuras!”, lo cual es una instigación al genocidio.
-Ah caray, ¿así de grave? ¿Y cuánto da eso de cárcel?
-Cinco años.
-¿Cinco? ¡Ni puel Putas! Entonces si dije lo que usté dice que dije, retiro lo dicho. Yo no voy a matar a ningún cura, al que voy a matar es al papa.
-¿Y él que le respondió, compadre?
-Nada, me mandó otro citatorio en otro e-mail: que se me presenta el día tal a la hora tal en el sitio tal para que responda por lo que dijo.
-¿Y usté qué le contestó?
-Le contesté: “Ya voy Toño”.
-Hizo mal, porque con eso lo único que va a lograr es ganarse la inquina del juez, que le tome tirria y en vez de cinco años de cárcel le recete seis.
-¿Usté cree?
-¡Claro! Echarse a un juez de enemigo es como tener el cristiano una caranga día y noche picándole el chimbo. Usté lo que ha debido hacer es contestarle: “Mándeme entonces, señor juez, el pasaje de ida y vuelta a Colombia desde México y me aloja en el Tequendama, que es donde el señor presidente alojó tres noches al guerrillero arrepentido de las Farc”.
-¿De veras? ¿Eso hizo ese minusculino? ¿Tres noches en un hotel de cuatro estrellas por andar asesinando? ¡Ah gran bellaco!
Yo no voy a matar a ningún curita porque es a los que más les tengo compasión. Ellos son las primeras víctimas de la Gran Puta de Roma. Pero dejame, juececillo, que agarre al inquisidor Ratzinger, el ex jefe del Santo Oficio, y vas a ver. Vas a ver, vas a ver, vas a ver cómo le retuerzo el pescuezo a ese Torquemada.
El asunto de SoHo va así: una chica hermosa pero pobre que no tenía ni ropa, para ganarse unos pesitos con qué poderse vestir tuvo que cargar desnuda una pesada cruz, cayendo y parándose, cayendo y parándose como Cristo sin Viagra, y por doce estaciones. Voilà tout. Y eso es todo, por eso nos quieren crucificar como a Cristo: por nuestra bienintencionada obra de caridad de darle de vestir al desnudo. ¡Ah, compadre, qué mal anda el mundo y nuestro pobre país! En Colombia los tres poderes compiten en vileza a ver cuál es el más ruin, y empatan y ganan juntos. ¡Ay, dizque el poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial! Dizque el señor juez, la señora juez, el señor presidente, el Honorable Congreso…
-Señorita, ¿está el señor ministro?
-No, él está en junta.
¡Con quién se andará juntando el hideputa!
Juro por Dios que no existe que no sé ni cómo te llamas, señor juez. Ni siquiera sé si eres hombre o mujer. No quiero ensuciarme con tu nombre el alma. Lo que sí te quiero decir desde esta columna libre mal que te pese es que ¿por qué mejor no cogés oficio y te vas a agarrar a Tirofijo, a Raúl Reyes, a Grannobles, a Romaña? ¿O a los miles de paramilitares genocidas que el homúnculo indultó y a los que el DAS les borró el pasado judicial para que no hubiera forma de extraditarlos a los Estados Unidos como traficantes de coca? ¡Con que incitación al genocidio! ¡Ah malnacido, cabrón!

articulo del escritor Fernando Vallejo Wojtyla vive.

23 de noviembre de 2006 por ojosabiertos

Articulo Wojtyla vive Por FERNANDO VALLEJO
 
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Wojtyla vive. Vive en sus obras. Sus malas obras. En el mal inmenso que le ha hecho a la humanidad con su oposición al control natal en un planeta superpoblado en que la capa de ozono está rota, los ríos están convertidos en cloacas, el mar es un desaguadero de cloacas y se está muriendo, las últimas selvas tropicales que quedan están desapareciendo y especies y más especies son destruidas a un ritmo inexorable por la rapacidad del depredador más destructivo que haya existido desde que el sol alumbra, el ser humano. Hoy somos 6.400 millones, de los cuales 3.000 millones han nacido durante los 26 años del pontificado de Wojtyla. De este aumento monstruoso de la población él es el primer responsable. ¡Si por lo menos se hubiera callado el pico! Pero no, tenía que hablar y hablar y hablar para hacerse ver como el vanidoso protagónico que fue y que se parrandeó a plenitud y hasta el último instante con su último aliento su puesto de Pontífice Máximo de esa institución inmoral y corrupta que es la Iglesia católica, el rebaño-jauría de las ovejas carnívoras. Cómplices suyos en la gran catástrofe demográfica que él instigó y que nos ha puesto al borde del precipicio y de la destrucción total de la Tierra han sido todos los jefes de Estado de nuestro tiempo empezando por los presidentes de los Estados Unidos y todos los líderes religiosos como los ayatolas musulmanes, pero ninguna oposición a los anticonceptivos y al aborto tan necia, tan cerril, tan obtusa como la suya, la de este lobo disfrazado de cordero, este hombrecito travestido que durante 26 años nos representó la farsa de la santidad. Santo que se hace ver es un vanidoso. No puede haber santidad protagónica, eso es un oxímoron, como cuando decimos sol oscuro.

¿Y a son de qué y en nombre de qué se oponía al control demográfico? De la vida, según él. ¿Pero es que es vida la que llevan miles de millones de seres humanos sumidos en la miseria, el desempleo, el hambre, la enfermedad y la desesperanza? ¿O la que arrastramos todos, ricos y pobres, en un mundo de ciudades y carreteras atestadas en el que el agua y el petróleo se están acabando y en el que el crimen, la impunidad y la bellaquería se han ido apoderando inexorablemente de todas las sociedades? ¿O la de los animales masacrados en los mataderos, en las selvas y en el mar, por todas partes, sin que quienes detentan el poder político y el religioso alcen siquiera su voz para pedir la mínima compasión? ¿Eso es vida?
Pero soy injusto. Wojtyla sí tenía su fórmula para el control demográfico: la abstinencia sexual por fuera del matrimonio, y aun en su seno cuando la eyaculación no esté destinada a la reproducción, cual es el caso del coitus per angostam viam o sodomización de la mujer que atenta contra la propagación de la especie. ¿O interpreto mal, cardenal Ratzinger? Y se lo pregunto a usted que es gran teólogo y decano del Sacro Colegio de Cardenales y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (galimatías cantinflesco tras el que se oculta ni más ni menos que la Santa Inquisición moderna) porque Wojtyla el infalible ya no está y en el interregno en que esto escribo todavía no se reúne el cónclave y le nombran sucesor, otro infalible, y hoy no tengo a quién preguntarle habida cuenta que Tomás de Aquino también ya murió: hace 731 años.

En cuanto al homosexualismo y la pederastía, que también podrían servir para el control demográfico y que tantos curas, obispos, arzobispos y cardenales practican con fervor clandestino, Su Santidad los detestaba. ¡Es que le dieron tantos dolores de cabeza y le trajeron tantos sinsabores y demandas estos prelados non sanctos! Hasta el punto de que le estaban secando las arcas de algunas de sus diócesis más productivas, como las norteamericanas de Boston y de Portland, Oregon, la cual se tuvo que declarar en quiebra para eludir la avalancha de juicios por pederastía contra sus curas que se le vino encima. Ochocientos cincuenta millones de dólares han tenido que pagar las diócesis norteamericanas para acallar a los que demandan a sus curas y obispos por abuso sexual y tapar el escándalo. Si tenemos en cuenta que los católicos de los Estados Unidos le producen al Vaticano 7.500 millones al año, las demandas todavía son costeables, pero dada la voracidad por el dinero que caracterizó a Wojtyla, perder semejante platal para él ha debido de ser algo espantoso, como un segundo mal de Parkinson. ¡Ah, cómo le amargaron los maricas su reinado a Su Santidad! Y así Ella, Su Santidad, fue un papa homofóbico o “mataputos”, como se dice en México. Y por añadidura paidófobo, detestaba a los niños. Y en prueba esa palmada en la mano que le dio, ya al final de su vida, a una niña que le ayudaba a lanzar unas palomas desde su ventana (la famosa ventana que da a la plaza de San Pedro y se abre al cielo de mi Diosito) porque la niña por nerviosa se equivocó y las lanzó mal y una se le devolvió y le dio un aletazo a él en la cara y casi lo caga. No se pudo controlar el santo y le propinó a la niña su buena palmada que filmaron y transmitieron por televisión. Yo la vi, a las cinco de la tarde, en un noticiero de televisión. Cuando horas después traté de volver a ver la palmada en otro noticiero de la media noche, ya la habían cortado.

Wojtyla no hizo pues suya la frase de Cristo “Dejad que los niños vengan a mí”, que le ha llenado en cambio la vida al padre Marcial Maciel, fundador del jardín florido de los Legionarios de Cristo mexicanos y quien durante el pontificado del difunto papa tuvo abiertas de par en par las puertas del Vaticano, por el que entraba y salía como san Pedro por su casa, o como nuestro Alfonso López Trujillo, quien cuando fue arzobispo de Medellín se distinguió por su pederastía tanto como por sus negocios non sanctos con la mafia que finalmente le costaron la expulsión de mi ciudad y su exilio en el Vaticano donde lo recibieron con los brazos abiertos y en premio a sus trapacerías y sodomías lo nombraron presidente del Consejo Pontificio para la Familia, altísimo cargo desde el que nuestro paisano llueve y truena contra lo que conoce muy bien, el coito sodomítico que atenta contra la supervivencia de la especie, y desde el que insiste tercamente en su tesis de que el virus del sida traspasa los condones. ¿Será que lo habrán infectado? ¿O será que lo habrán preñado? Teólogos metidos a sexólogos, fornicadores haciéndose los remilgados, que por ahí no pichan. Ah, y al arzobispo de Boston el cardenal Bernard Law, el funcionario de más alto rango de la Iglesia católica de los Estados Unidos y quien en diciembre del 2002 tuvo que renunciar a su arzobispado por las presiones de los católicos de su diócesis que lo acusaban de alcahuetear a los curas pederastas, Wojtyla lo refugió en Roma nombrándolo arcipreste de la Basílica Santa María Mayor. Cuando los fieles de una parroquia de su diócesis acusaban a un cura de pederastía, Law simplemente lo transfería a otra parroquia y listo el pollo, adiós escándalo, se apagó el incendio. Esta palomita ha tenido ahora el altísimo honor de celebrar la cuarta de las nueve misas fúnebres del novenario con que la Iglesia ha despedido en Roma al papa difunto. Cañonero mayor, como quien dice, ha disparado el cuarto cañonazo para anunciarle al cielo que va para arriba como un volador el nuevo santo y que abran las puertas rápido. “Santo subito!”, grita la turbamulta en italiano, o sea “¡Santo ya!”.
¿Y por qué refugiaba Wojtyla a semejantes palomitas blancas en el seno de su reino puro? Hombre, por la misma razón que, no bien asesinaron a su predecesor Albino Luciani y él ascendió al papado, de inmediato cubrió con su manto al arzobispo de Chicago Paul Marcinkus e impidió que metieran entre rejas a quien había sido el representante in pectore de Pablo VI en los más tenebrosos manejos del Banco Vaticano que llevaron a la quiebra fraudulenta del Banco Ambrosiano tras una estafa de 600 millones de dólares. Alcahueta de cuanto pícaro y marica le pudiera servir, Wojtyla, el papa negociante, le decía a su amigo y biógrafo Gian Franco Svidercoschi que la Iglesia debía ser “una casa de vidrio”. Y sí, en una casa de vidrio transparente vivió él para que lo vieran día y noche en su impudicia protagónica, pero nunca lo fueron las finanzas del Estado Vaticano, el octavo paraíso fiscal del mundo, a la altura de Suiza, las Bahamas y Liechtenstein, y cuyo mencionado Banco Vaticano (tartufamente denominado Istituto per le Opere di Religione) maneja 55 mil millones de dinero sucio italiano. ¡Como desde el concordato con Mussolini está exento de impuestos este Estado delincuente! Y después le salen a uno con que el producto interno bruto de la Ciudad Santa es de 20 millones de dólares o algo así. ¡Por Dios, no mientan! Multipliquen por 3 y después por mil a ver si nos vamos acercando.

¡Cifras tremendas las de estos negociantes tonsurados, de estos gángsteres ensotanados que se han embolsado los millones y las joyas robadas a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial aprovechándose del concubinato de Pío XII con los nazis! Pero no nos enredemos con papas del pasado, que pícaros de ésos en total ha habido 264. Concentrémonos en el transparente, en el que acaba de morir, a la vista de todos, con pompa y circunstancia, exhibiendo la opulencia insultante de su reino ante los pobres de este mundo. A ver, reinó 26 años y medio, ¿en días cuántos dan? Veintiséis años y medio de pontificado dan 9.661 días durante los cuales el Papa Viajero visitó 130 países, promulgó 13 encíclicas, 13 exhortaciones, 41 cartas papales, convocó 8 consistorios, 15 sínodos, pronunció 2.400 discursos o sermones u homilías o como las quieran llamar, infló el santoral en 482 santos y 1.316 beatos y trazó en el aire 23 millones 543 mil 327 bendiciones que yo conté y de las cuales una me cayó en el saco como mierda de paloma. Gracias a Dios tenía a la mano unas hojas de cuaderno con las que me lo limpié. Y todo lo enumerado, todo, todo, trompeteado a los cuatro vientos por la prensa y la televisión, que son rameras y se venden pero que cuando huelen un cadáver próximo se convierten en buitres. Como ahora, a raíz de la ostentosa muerte de Wojtyla. Porque, Dios existe y Alá es grande y Mahoma su profeta, finalmente murió.

Nueve viajes “apostólicos” hizo a África, durante los cuales, yendo de Gambia a Zambia y del tingo al tango, visitó 32 países. Dignas de recordar son sus visitas al epicentro del sida -Congo, Zaire y Sudáfrica-, donde anduvo predicando contra los preservativos, pese a que (según dicen aunque no he tenido tiempo de verificar), el Vaticano posee acciones en fábricas de condones. Lo cual habla bien de él y de su rectitud moral, pues a él no le importa perder mientras pueda ganar. ¡Como era el Papa de la Vida! Y yo pregunto ahora: de los miles o millones de niños africanos que nacieron infectados por el sida a raíz de su prédica contra el condón, ¿a cuántos recogió en sus palacios vaticanos? A tantos cuantos recogió de los que nacieron en Colombia después de su visita de 1986 a nuestro país a donde vino a predicar lo mismo, y que de no haber sido por su corazón bondadoso que los albergó allá hoy serían carne de cañón de las Farc, el ELN, los paramilitares, el ejército y el hampa de la calle.

Le atribuyen como gran mérito el haber sido junto con Reagan el gran artífice de la caída del comunismo. No hay tal. El comunismo se cayó porque Rusia fue a dar a manos del inepto de Gorbachov. Donde en vez de éste Rusia hubiera tenido, por ejemplo, a Kim Il Sung, el tirano de Corea del Norte, hoy otro gallo nos cantara. Al sindicato de Solidaridad lo habrían aplastado entonces los rusos como una cucaracha polaca, con papa polaco o sin él.

Su oposición a los preservativos, a los anticonceptivos y al aborto en un mundo superpoblado y por el que se extiende incontenible la pandemia del sida para mí es un crimen contra la humanidad. Y el no haber defendido los derechos de los animales lo considero un crimen contra la vida y contra el planeta. Éstos fueron sus crímenes mayores. En cuanto a sus bellaquerías, no tienen cuento. He aquí algunas: nombrar a Angelo Sodano, amigo de Pinochet y alcahueta de sus crímenes durante los 11 años que fue Nuncio Apostólico en Chile, para el puesto más alto de la burocracia vaticana después del suyo, como Secretario de Estado. Otra: recibir en audiencia privada en el Vaticano al criminal nazi Kurt Waldheim cuando era presidente de Austria, al terrorista Yasser Arafat (cuatro veces) y a Fidel Castro, a quien le retribuyó la visita viajando un año después a Cuba y legitimando con su presencia allá la continuidad en el poder del tirano. Otra: santificar al tartufo español José María Escrivá de Balaguer, fundador de la secta franquista del Opus Dei y más perverso y tenebroso él solo que toda la Compañía de Jesús junta y sumada a la caterva salesiana (con la bendición de Wojtyla el Opus Dei acabó desbancando a la poderosa secta de Ignacio de Loyola que desde los tiempos del cisma protestante había detentado el poder económico e intelectual del catolicismo). Otra: el show infame del 12 de marzo del año 2000 cuando para hacerse ver convocó a la giornata del perdono y divulgó el documento “Memoria y reconciliación, la Iglesia y las culpas del pasado” haciéndole al cuento de que iba a pedir perdón por los crímenes de la Iglesia, pero no, por lo que pidió perdón este embaucador nato fue por los crímenes de los católicos, lo cual es una cosa muy distinta. Crímenes de los católicos son, por ejemplo, los 27 mil asesinatos que cometen cada año los católicos colombianos. Y crímenes de la Iglesia son, por ejemplo, las campañas militares asesinas contra los árabes de Jerusalén en la Edad Media conocidas como las Cruzadas; o la destrucción de las civilizaciones precolombinas en la evangelización de los indios americanos por la fuerza; o la quema por la Santa Inquisición de incontables inocentes con las acusaciones de brujería o de herejía. Quemar a un ser vivo (humano o no) no tiene perdón del cielo. Si Dios calla ante este acto monstruoso, una de dos: o no existe, o es el Ser Más Malvado.

¿A dónde no fue? ¿Dónde no habló? ¿Con qué tirano o granuja con poder no se entrevistó? Un poco más y recibe al genocida de Saddam Hussein, a cuyo derrocamiento se opuso porque, oportunista como ninguno, políticamente era lo que le convenía: ir contra los Estados Unidos montándose en la cresta de la ola antinorteamericana. El Papa Viajero viajó siempre en jet privado, y en su agonía impúdica y protagónica ocupó todo un piso del Hospital Gemelli como si fuera un príncipe petrolero saudí. ¡Y cuándo tuvo una palabra de amor por los animales! Una siquiera. ¿Defendió acaso a las focas de los canadienses que las matan a palazos, o las ballenas que los japoneses y los noruegos matan a arponazos, o las vacas que acuchillan los matarifes en los mataderos de los países católicos para alimentar con proteínas, dieta fina, a la grey carnívora? ¡Ah puto viejo, ah puta farsa! Otro más de los grandes mentirosos y criminales de este mundo que se nos va sin castigo. El Papa Pérfido es como lo conocerá la Historia cuando se calme el revuelo de esta turbamulta paridora y de esta alucinación colectiva. Mi consuelo es que su miserable vida y su grotesco fin y su afrentoso entierro los borrará el próximo mundial de fútbol. ¡Que si qué! Dios existe, y si no mírenlo haciendo lindezas en Asia mandando tsunamis. Ahora, en estos momentos, mientras escribo, Karol Wojtyla, el Papa Pérfido, goza impune de la eterna paz de la nada

Fernando Vallejo: ‘Colombia es un país asesino, oportunista y traidor’

22 de noviembre de 2006 por ojosabiertos

 

Fernando Vallejo: ‘Colombia es un país asesino, oportunista y traidor’

Fuente: Caracol
En exclusiva para el programa Seis AM Hoy por Hoy Fin de Semana, el escritor habló desde México a propósito de la publicación de su nuevo libro, “Manualito de imposturología física”. En la obra, arremete contra Darwin, Einstein y Newton, y se propone demostrar de manera científica que sus descubrimientos no son más que imposturas, mentiras.

Vallejo propone una nueva unidad de medida para la mentira, el “aquino”, pero dijo que a los políticos colombianos era imposible medirlos en “aquinos”, y que a ellos “hay que medirlos en ‘uribes’, la unidad de la bellaquería política y de la demagogia tartufa.

“Navarro, Mockus, Peñalosa, Gómez Méndez… esa gente mide 0.3 ‘uribes’, 0.4 ‘uribes’… ninguno llega a la unidad. Pastrana se mide en ‘uribes’ completos… Carlos Gaviria es un leguleyo de los que estamos hasta el gorro”.

Fue especialmente duro con el ex presidente César Gaviria, a quien calificó como un personaje siniestro que, con la apertura, “le dio el puntillazo final al país”. Reconoció que solo ha Gaviria le ha llamado en sus escritos marica. “Me he referido a él como una mariquita manzanilla. Es un hombre degradado moral. El único político colombiano desinteresado que he conocido es Navarro Ospina, que estuvo al frente del Partido Conservador durante 50 años”.

Vallejo marcó una diferencia fundamental entre él y los ecologistas: “Quiero a los animales por ellos, por lo que son, mientras los ecologistas los quieren por lo que le puedan servir al hombre”. Aseguró, además, que los animales son su prójimo, porque “todo el que tenga un sistema nervioso para sufrir y sentir es nuestro prójimo. La diferencia entre un hombre, un perro y una rata es muy poca”.

A propósito del tema, se refirió a la directora de Bienestra Familiar, Beatriz Londoño: “Es una infamia que esta señora esté ahí. El acto que hizo ella durante la alcaldía de Mockus, con los 400 perros que electrocutó en Engativá, es una de las cosas más monstruosas que ha tenido Colombia. Tan monstruosa como los genocidios de la época de la violencia”.

A la iglesia la responsabilizó de muchos de los problemas de la humanidad, y no perdió oportunidad de recordar las profundas diferencias que mantiene con el Vaticano. “El Papa es una alimaña. El mal que le ha hecho a la tierra es inconmesurable. Es el responsable de gran parte de la explosión demográfica”, y lo acusó de comportarse como un político manipulador.

Cuando se le preguntó si leía la obra de Santiago Gamboa, Antonio García, Efraín Medina, Sergio Álvarez y los demás escritores colombianos de la nueva generación dijo: “Desde que empecé a escribir no volví a leer literatura. Me dejó de interesar. Sólo leo libros de biología y física. No me interesan estos jóvenes escritores, son menores que yo y no tienen nada que revelarme”.

Vallejo comentó que no tiene proyecto alguno de escribir un libro sobre las imposturas de los personajes del orden nacional porque “no dan para un libro”, y porque a ellos hay que, según él, denunciarlos a través de las columnas de opinión que mantiene en la revista SoHo. “Es la única revista libre de Colombia, libre de temor. La mayoría de los medios de comunicación colombianos están acobardados”.

Sostuvo que la radio y la televisión temen que un cierre y que la prensa escrita tiene intereses en el gobierno. “Tuvimos dos importantes periódicos, El Tiempo y El Espectador. De eso no queda rastro”.

Internet, donde navega únicamente para leer los comentarios que se hacen de sus columnas, es para Vallejo “un inmenso basurero, un gigantesco recicladero de basura”.

Declaró a Colombia el “país de la impunidad”, pero manifestó que nunca se ha ido del país: “físicamente nunca me he ido; espiritualmente estoy aquí. Cada día tengo menos amigos en Colombia, porque es un país oportunista y traidor. Siempre pensé que iba a morir en Colombia, y lo sigo creyendo. Tengo claro que si vuelvo a Colombia voy a morir asesinado. Colombia es un país asesino”.